Que mi
corazón lata para los que le dan de beber. De vivir.
Que mis
labios hagan de otros su alimento.
Que de mis
ojos se cuelguen otros ojos y no todo ese ejército de lágrimas que ni vence ni
es vencido.
Que mis acordes desvelen todo el amor que mis alas saben dar.
Que mis
manos se deshagan del bolígrafo y el papel, y libren las batallas -con caricias como balas- en alguna espalda solitaria.
Que mi
ombligo valga, qué menos, para hacer cosquillas a otro igual.
Que me
bailen el agua los sueños a mí, y no yo el barro a la vida.
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