Seis meses parecen muchos meses
sin escribir. Sin escribir amor, quiero
decir. No sé.
En fin. Seis meses. Desde el ocho
de febrero no digo ni mu aquí. Y sigo siendo Dewanee. Sigo siendo la locura.
Pero han pasado cosas.
He dejado de escribir a lo que abrazo
para redactar lo que gritaría en la puerta del Congreso de los diputados. He
dejado de reír y llorar la vida con Carlos Salem para aprenderla, entenderla y
lucharla con Carlos Taibo, Noam Chomsky y José Luis Sampedro. He dejado de ver
series para darme atracones de telediarios y vivir pegada a un auricular que me
regale buena sintonización con cualquier informativo de radio o tertulia
política.
He encontrado mi vocación. O mi perdición. “El oficio que te escoge, el veneno que te atrapa”.
Estoy creciendo encontrando palabras que jamás había visto, sintiendo
rabias que nunca había experimentado, aprendiendo a debatir sin discutir, a
discutir sin gritar, a gritar sin abrir la boca. A leer la vida, y a
escribirla. Growth.
Han pasado cosas. He leído, hablado
y escuchado mucho.
Pero también me he quemado los ojos bajo un sol frío, los he abierto
como platos ante un precipicio frente al Atlántico, he hecho kilómetros con los
sueños y con los pies descalzos, he comido gula del norte en el norte, he
conducido a 140km/h, he oído latir otro corazón en el mío, he besado espaldas
libres y he engordado seis kilos de felicidad. He escuchado a Andrés Suárez sin
abandonar a Extremoduro, he llorado de incomprensión, he reído sola, y he
bailado, sin moverme, acompañada.
Lo que quiero decir es que he descubierto un nuevo mundo, he abierto
las cuatro mil ventanas de mi madriguera y he iniciado el salto hacia la
piscina vacía que es el mundo de la comunicación, dispuesta a darme las hostias
que haga falta y volver al trampolín. Y eso me ha alejado de mi escritura y
visión romántica. Pero también estoy aprendiendo a no dejar de escribir porque
mis palabras no agraden a mi vista, a dejar de buscar la poesía que creía
necesitaban mis líneas, y a ver mensaje en fachadas blancas, cuadernos con
tachones, barrotes oxidados y puños cerrados.
He creído no sentir suficiente, y solo estaba sintiendo diferente.
Tengo
demasiadas cosas que decir como para no decir nada por miedo a no decir nada.
Quiero
escribir amor. El que sea.
Y por eso
voy a escribirlos todos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario