lunes, 10 de agosto de 2015

Creí no sentir suficiente, y solo estaba sintiendo diferente.

Seis meses parecen muchos meses sin escribir.  Sin escribir amor, quiero decir. No sé.

En fin. Seis meses. Desde el ocho de febrero no digo ni mu aquí. Y sigo siendo Dewanee. Sigo siendo la locura.

Pero han pasado cosas.

He dejado de escribir a lo que abrazo para redactar lo que gritaría en la puerta del Congreso de los diputados. He dejado de reír y llorar la vida con Carlos Salem para aprenderla, entenderla y lucharla con Carlos Taibo, Noam Chomsky y José Luis Sampedro. He dejado de ver series para darme atracones de telediarios y vivir pegada a un auricular que me regale buena sintonización con cualquier informativo de radio o tertulia política.

He encontrado mi vocación. O mi perdición. “El oficio que te escoge, el veneno que te atrapa”.

Estoy creciendo encontrando palabras que jamás había visto, sintiendo rabias que nunca había experimentado, aprendiendo a debatir sin discutir, a discutir sin gritar, a gritar sin abrir la boca. A leer la vida, y a escribirla. Growth.

Han pasado cosas. He leído, hablado y escuchado mucho.

Pero también me he quemado los ojos bajo un sol frío, los he abierto como platos ante un precipicio frente al Atlántico, he hecho kilómetros con los sueños y con los pies descalzos, he comido gula del norte en el norte, he conducido a 140km/h, he oído latir otro corazón en el mío, he besado espaldas libres y he engordado seis kilos de felicidad. He escuchado a Andrés Suárez sin abandonar a Extremoduro, he llorado de incomprensión, he reído sola, y he bailado, sin moverme, acompañada.


Lo que quiero decir es que he descubierto un nuevo mundo, he abierto las cuatro mil ventanas de mi madriguera y he iniciado el salto hacia la piscina vacía que es el mundo de la comunicación, dispuesta a darme las hostias que haga falta y volver al trampolín. Y eso me ha alejado de mi escritura y visión romántica. Pero también estoy aprendiendo a no dejar de escribir porque mis palabras no agraden a mi vista, a dejar de buscar la poesía que creía necesitaban mis líneas, y a ver mensaje en fachadas blancas, cuadernos con tachones, barrotes oxidados y puños cerrados.

He creído no sentir suficiente, y solo estaba sintiendo diferente.


Tengo demasiadas cosas que decir como para no decir nada por miedo a no decir nada.

Quiero escribir amor. El que sea.
Y por eso voy a escribirlos todos.



No hay comentarios:

Publicar un comentario