Del
maldito despertador, de hacer la cama cada mañana porque “es que hay que
hacerla”, de abrir la ventana para que entre el sol, de que suene el teléfono
en los momentos más inoportunos, de no poder dormir siesta y de que me
despierten cuando sí que puedo dormirla. De sentirme mal por no estudiar una
tarde, de estudiar y que no sirva para nada, del puto móvil, de lo cerca que
creemos tener las cosas y lo lejos que están en realidad. De casi haber
olvidado lo que era leer por placer, de gastar tiempo, papel y memoria en cosas
que solo me servirán para contestar bien un par de preguntas en Trivial. De
tener que pensar qué comer, qué cenar, qué ponerme. De la sobre información y la
manipulación de las redes y los medios.
De
corresponder a quien no me corresponde, de llorar a quien me sacó de su cabeza
en el minuto cero, de hablar y hablar y hablar de todo, de nada, de mierda y
más mierda. De los números, de las letras, del lenguaje corporal indescifrable,
de las sonrisas irreales, de que me sobren dedos en una mano para contar los te
quiero’s, de creer en los sueños y sufrir pesadillas. De tener que elegir entre
blanco y negro, de no poder ser gris sin dar explicaciones, de tener que
identificarme con el DNI y no con el corazón, de que el dinero, el poder y la
codicia sean los hijos de puta que mueven los hilos del universo. De la
falsedad, de la jodida manía de etiquetar a las personas y sus sentimientos.
Del
tiempo, del puto tiempo que me devora las entrañas y me quita las ganas de
vivir. De tener que hacer planes, de tener que penar tanto para luego morir. De
la tv, de las modas, de los rebaños de gente, de que una canción consiga
llenarme más que cualquier persona. De que cualquier ser vivo tenga que vivir
sometido a las normas que los humanos hemos impuesto al mundo creyéndonos los
dueños de este escenario que es la vida. De estar rodeada de tanta gente y tan
pocas personas.
De
tener que evitar el dolor a toda costa, de que la gente no se dé cuenta de que
hacen falta días de mierda y cuchara para sentir la dulzura de los días más
interesantes. De no poder perderme en soledad, de depender de personas y cosas.
De que todo se juzgue. De tener que fingir felicidad cuando no es que me ponga
triste a veces, sino que es a veces cuando me siento feliz.
Harta
estoy de todo eso y más.
¿Qué
pasa si hoy estoy tocada?
¿Y qué
pasa si no hace falta ni tocarme para hundirme?
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