Nos pasamos la vida atravesando momentos difíciles -o que
requieren mucho esfuerzo- pensando que en algún momento terminarán y
empezaremos esa ‘buena racha’ o seguiremos viviendo la vida fácil que nos
corresponde a todos.
Parece una actitud tan universal como demasiado cómoda y
surrealista. No es verdad. No es cierto que la vida sea fácil. Esto me lo dice
la corta experiencia que tengo a mis 18. Cuando tropiezas con un problema o
con una situación que requiere trabajo duro y consigues enmendarlo, solucionarlo
o alcanzar esa pequeña meta, aparecen otras tantas por llevar a cabo. Se trata
de una montonera de sucesos que van ocurriendo a lo largo de nuestras vidas,
que en el momento justo de vivirlos nos parecen puntuales, baches sin
importancia de los que algún día acabaremos riéndonos (o no). Yo pienso que en
realidad esos ‘baches’ son cada uno de los pasos de nuestra vida que, queramos
o no, anda siempre empedrada de metas por cumplir, las cuales solo son posibles
con dedicación.
Creo que deberíamos aprender a no suponer
ningún momento de nuestra vida como un ‘puente’ que une dos piezas de esta,
considerando como parte de la misma solo las cosas agradables. Los períodos
menos bonitos también han de ser disfrutados, porque enaltecen el brillo de los
instantes más mágicos.
‘Todo el
mundo quiere felicidad sin tristeza. Pero no es posible el arcoíris sin
lluvia.’