Redefinir la distancia y el tiempo sustituyendo millas por
almas que conquistar y horas por espacio infinito, sería una buena forma de
permitirnos amar lo difícil y ansiar y luchar por lo que creemos imposible.
Podría ser una bonita manera de dejar de fumarla, torturarla
con humo negro, de evidenciarla a cada minuto, de contrariar los cuerpos
deseosos de quererse.
Desterraríamos
los ‘y si…’, anestesiaríamos las dudas de una vez por todas, haríamos un
placaje de emergencia a esta vida que nos devora los sueños y no habría besos impuntuales.
Pondríamos
alas a quien sueña con poder volar, crearíamos terremotos de ternura dejando el
miedo en el arcén inservible del camino. Al lado, precisamente, del quitamiedos.
Besar porque
sí, abrazar porque sí, acariciar porque sí, sonreír porque sí.
Sería una
muy dulce forma de dejar de pensar para empezar a sentir. Vivir.
Porque sí.
Porque, ¿por qué no?
Hagamos
trampas. Vivamos.
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