jueves, 17 de abril de 2014

Me ilusiono. Me apago. Me enciendes.

Sin duda, las drogas que aún no has probado pueden llegar a ser las más adictivas.

Sin duda me pones tierna.
Sin duda me pones.
Tierna.

No eres nada, no eres nadie, aún.
No sé nada de ti y, sin embargo, me fumaría en tres caladas las cuatro carreteras que separan tu boca de la mía.
No me sigues, no te sigo. Te abandono por momentos. Sigues sin ser nadie, sin querer nada.

Me ilusiono. Me apago. Me enciendes.

Por rozar tu voz cambiaría este por oeste y haría de tu norte mi sur.

Y no te conozco.
Y no me conoces.

Pero algo tiene tu alma que hace temblar mis piernas.


Sin duda, las drogas que nunca has probado, pueden llegar a ser las más adictivas. 

jueves, 3 de abril de 2014

Dejarse llevar suena demasiado bien.

Desear a una persona no empieza y acaba en la ‘tensión sexual’. Desear a una persona es desear su cuerpo y su mente. Es sentir atracción por la infinidad de cosas que no puedes ver ni tocar, es acariciar su mente con tu respiración. Es desconocer la mayor parte de los rincones de su intelecto y saber, del mismo modo, que quieres asaltarlos todos. Es navegar sin rumbo por el mar de la pasión, de la pasión moral. Es dejarse llevar en una excavación de conocimientos de los que sabes que algún magnífico descubrimiento hallarás. Es no pensar de dónde viene ni a dónde va, sino anhelar la noción de sus ideas con respecto al mundo y la vida.

No hablo de deseo sexual, ni de amor romántico.

De hecho no hablo de amor.

Hablo de similitud, de comprensión, de compatibilidad, de lo genial que es compartir pensamientos y sentimientos con otras personas. Hablo de la satisfacción que supone conocer a alguien y no tener bastante al día siguiente, ni al otro.

Así es como me gusta conocer a las personas; poco a poco, sin prisa, sin pausa. Repelar hasta la última gota de desconocimiento. Esa última gota que no existe, pues al compartir experiencias y crear nuevas, forjas también la eternidad de éstas. Y dure lo que dure este proceso de intercambio de vidas, siempre haya algo de ello que desconozcamos por completo.

Hablo de que tal vez tirarse a piscinas vacías de vez en cuando no hace mal. Hablo de que puestos a vivir, saquémosle todo el jugo a esta mierda que es la vida. Hablo de aprender de todo, de todos. Hablo de dejar de pensar por un momento en el piñazo que podemos darnos cuando ya estemos empotrados contra la cocina.

Hablo de que desear a una persona es mucho más que la basura que puse en la primera línea. El deseo vive a dos milímetros, a mil kilómetros, a veinte bajo cero y a ‘no puedo con este calor’.

El deseo es anhelo.


Y tal vez yo desee. Tal vez yo anhele, esta noche, por qué no, acariciar tu mente con mi respiración.

martes, 1 de abril de 2014

Fed up.

Del maldito despertador, de hacer la cama cada mañana porque “es que hay que hacerla”, de abrir la ventana para que entre el sol, de que suene el teléfono en los momentos más inoportunos, de no poder dormir siesta y de que me despierten cuando sí que puedo dormirla. De sentirme mal por no estudiar una tarde, de estudiar y que no sirva para nada, del puto móvil, de lo cerca que creemos tener las cosas y lo lejos que están en realidad. De casi haber olvidado lo que era leer por placer, de gastar tiempo, papel y memoria en cosas que solo me servirán para contestar bien un par de preguntas en Trivial. De tener que pensar qué comer, qué cenar, qué ponerme. De la sobre información y la manipulación de las redes y los medios.

De corresponder a quien no me corresponde, de llorar a quien me sacó de su cabeza en el minuto cero, de hablar y hablar y hablar de todo, de nada, de mierda y más mierda. De los números, de las letras, del lenguaje corporal indescifrable, de las sonrisas irreales, de que me sobren dedos en una mano para contar los te quiero’s, de creer en los sueños y sufrir pesadillas. De tener que elegir entre blanco y negro, de no poder ser gris sin dar explicaciones, de tener que identificarme con el DNI y no con el corazón, de que el dinero, el poder y la codicia sean los hijos de puta que mueven los hilos del universo. De la falsedad, de la jodida manía de etiquetar a las personas y sus sentimientos.

Del tiempo, del puto tiempo que me devora las entrañas y me quita las ganas de vivir. De tener que hacer planes, de tener que penar tanto para luego morir. De la tv, de las modas, de los rebaños de gente, de que una canción consiga llenarme más que cualquier persona. De que cualquier ser vivo tenga que vivir sometido a las normas que los humanos hemos impuesto al mundo creyéndonos los dueños de este escenario que es la vida. De estar rodeada de tanta gente y tan pocas personas.

De tener que evitar el dolor a toda costa, de que la gente no se dé cuenta de que hacen falta días de mierda y cuchara para sentir la dulzura de los días más interesantes. De no poder perderme en soledad, de depender de personas y cosas. De que todo se juzgue. De tener que fingir felicidad cuando no es que me ponga triste a veces, sino que es a veces cuando me siento feliz. 

Harta estoy de todo eso y más.

¿Qué pasa si hoy estoy tocada?



¿Y qué pasa si no hace falta ni tocarme para hundirme?