Desear
a una persona no empieza y acaba en la ‘tensión sexual’. Desear a una persona
es desear su cuerpo y su mente. Es sentir atracción por la infinidad de cosas
que no puedes ver ni tocar, es acariciar su mente con tu respiración. Es
desconocer la mayor parte de los rincones de su intelecto y saber, del mismo
modo, que quieres asaltarlos todos. Es navegar sin rumbo por el mar de la
pasión, de la pasión moral. Es dejarse llevar en una excavación de
conocimientos de los que sabes que algún magnífico descubrimiento hallarás. Es
no pensar de dónde viene ni a dónde va, sino anhelar la noción de sus ideas con
respecto al mundo y la vida.
No
hablo de deseo sexual, ni de amor romántico.
De
hecho no hablo de amor.
Hablo
de similitud, de comprensión, de compatibilidad, de lo genial que es compartir
pensamientos y sentimientos con otras personas. Hablo de la satisfacción que
supone conocer a alguien y no tener bastante al día siguiente, ni al otro.
Así es
como me gusta conocer a las personas; poco a poco, sin prisa, sin pausa.
Repelar hasta la última gota de desconocimiento. Esa última gota que no existe,
pues al compartir experiencias y crear nuevas, forjas también la eternidad de
éstas. Y dure lo que dure este proceso de intercambio de vidas, siempre haya
algo de ello que desconozcamos por completo.
Hablo
de que tal vez tirarse a piscinas vacías de vez en cuando no hace mal. Hablo de
que puestos a vivir, saquémosle todo el jugo a esta mierda que es la vida.
Hablo de aprender de todo, de todos. Hablo de dejar de pensar por un momento en
el piñazo que podemos darnos cuando ya estemos empotrados contra la cocina.
Hablo
de que desear a una persona es mucho más que la basura que puse en la primera
línea. El deseo vive a dos milímetros, a mil kilómetros, a veinte bajo cero y a
‘no puedo con este calor’.
El
deseo es anhelo.
Y tal
vez yo desee. Tal vez yo anhele, esta noche, por qué no, acariciar tu mente con
mi respiración.
Me encanta, sencillamente me encanta.
ResponderEliminar(Elena, de Fauna Rara)
Gracias! ^^
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